“El metabolismo lento podría ser una interpretación estadística equivocada, no una diferencia fisiológica real”, comentan los autores del estudio.
Fecha: 18 de marzo 2026
El llamado “metabolismo lento” podría no ser siempre una condición biológica, sino el resultado de análisis incorrectos de datos cínicos del paciente. Esta problemática podría influir en diagnósticos y tratamientos de enfermedades como la obesidad o el hipotiroidismo, generando interpretaciones erróneas sobre el funcionamiento del propio organismo.
El estudio, publicado en Nature Metabolism y liderado por investigadores del Departamento de Nutrición y Dietética UC, Rodrigo Fernández y José Eduardo Galgani, propone una nueva guía para medir, comparar y visualizar el gasto energético humano de forma más precisa. El objetivo es comprender cómo el cuerpo utiliza la energía para mantener funciones vitales, regular la temperatura, procesar alimentos y realizar actividad física.
Según los autores, en muchos casos los profesionales de la salud pueden analizar el gasto energético con métodos estadísticos inconsistentes. Por ejemplo, al dividir las calorías que una persona quema en el día por su peso corporal, el resultado puede parecer bajo, lo que puede llevar a concluir erróneamente que tiene un metabolismo lento.
“Actualmente, cuando una persona gasta menos energía de lo esperado, se puede considerar que tiene un metabolismo lento, cuando en realidad su gasto energético es normal para su composición corporal, edad o sexo”, explican los investigadores.
Este tipo de interpretaciones puede tener consecuencias clínicas relevantes, como que el paciente pueda recibir tratamientos destinados a “acelerar el metabolismo”, percibir que su cuerpo funciona de manera anormal o desviar la atención de intervenciones realmente útiles, como el tipo de alimentación, actividad física, manejo conductual, sueño, etc.
Un problema de cálculo, no de metabolismo
En la práctica clínica, el gasto energético del organismo depende en gran medida del tamaño corporal. Es decir, una persona con mayor peso requiere más energía que una más liviana, ya que posee órganos más grandes y una mayor masa corporal.
El problema surge cuando estas diferencias no se consideran adecuadamente en el análisis. Según los autores, usar indicadores como el “gasto energético por kilo”, es decir, dividir las calorías que una persona quema por su peso, puede generar un error matemático, haciendo que las personas con mayor peso parezcan gastar menos energía, aunque su metabolismo sea normal.
“Cuando el gasto energético se analiza correctamente, según las características físicas de cada persona, el metabolismo lento desaparece: nunca existió, fue un error de análisis”, afirman.
Una nueva propuesta metodológica
Bajo este contexto, los académicos UC proponen un enfoque que utiliza herramientas estadísticas como el Análisis de Covarianza (ANCOVA), que permite comparar grupos considerando variables que influyen directamente en el gasto energético, como la masa muscular, la masa grasa, edad, sexo o diferencias corporales.
Si estos factores no se ajustan correctamente, explican los autores, podría parecer que una persona o grupo tiene menor gasto energético. Es decir, “el metabolismo lento podría ser una interpretación estadística equivocada, no una diferencia fisiológica real”, añaden.
La propuesta también incluye herramientas gráficas como árboles de decisión, planillas de Excel y códigos computacionales que permiten que investigadores con distintos niveles de formación estadística puedan utilizarla. Además, plantea nuevas formas de visualizar los datos, lo que permite interpretar con mayor claridad cómo se ajusta el gasto energético según distintas características individuales.
Para los académicos chilenos, este estudio busca mejorar la precisión de investigaciones del área y contribuir a decisiones clínicas más informadas, “evitando diagnósticos que pueden confundir, estigmatizar o llevar a tratamientos inefectivos”, concluyen.
Pontificia Universidad Católica de Chile 2026